Fallecimiento del Dr. Fernando Ortiz Monasterio

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Con gran pesar comunicamos a todos nuestros lectores el fallecimiento el día 31 de octubre del 2012 del Dr. Fernando Ortiz Monasterio.

Como recuerdo, reproducimos el discurso de homenaje que la FILACP, por boca de uno de sus discípulos, El Dr. Rómulo Guerrero, le rindió en su XVIII Congreso Internacional celebrado en Panamá en junio del 2010 y el In Memorian que desde México le dedica el Dr. Ignacio Trigos.

(Todos aquellos que deseen expresar sus condolencias y recuerdos del maestro, pueden hacerlo en nuestra página de Facebook)


Homenaje en el XL Aniversario de la FILACP al Profesor Fernando Ortiz Monasterio

El Dr. Fernando Ortiz Monasterio, figura reverente en la Cirugía Plástica y Reconstructiva, nació en ciudad de México y se graduó en la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante su distinguida carrera, ha sido Jefe de la Unidad de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva del Hospital General de México, Director General del Hospital General Manuel Gea González, Profesor de Cirugía Plástica y Reconstructiva de la División de Postgrado de la Escuela de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México y es Profesor Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido Presidente de la Asociación Mexicana de Cirujanos Plásticos, de la International Society of Craniofacial Surgery y de la Academia Nacional de Medicina de México. Es también el autor de 188 publicaciones científicas y 8 libros.

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Hace casi 500 años, en Bologna, se desempeñaba como medico reconstructor Gaspare Tagliacozzi; los pacientes llegaban de toda Italia, recomendados por las efusivas palabras de tantos pacientes agradecidos. Él, inmutable, continuaba en su afán de descubrir más. En México sucede algo parecido con el Dr. Ortiz Monasterio; como un Tagliacozzi moderno, atiende a sus pacientes y con la mirada de sus ojos profundos les da una esperanza o la seguridad de que la vida después de su atención, no será la misma.


En agosto de 1967 Ortiz Monasterio y Tessier se conocieron en circunstancias diferentes a las propiamente médicas. Fue en una competencia de vela en Le Baule, Francia. FOM era el único representante de México; no había quirófano, sino un ambiente de mar, de deporte y de competencia, la competencia que a FOM siempre le ha gustado y con ese estímulo, crea, innova, y triunfa.


Luego, en septiembre de 1967, Tessier presentó sus celebres conferencias y nació la Cirugía Craneofacial. La amistad se cultivó y en este ir y venir de conocimientos y de experiencias, en los diferentes foros del mundo, los dos personajes funden una solida amistad que perdura en el tiempo.

Yo conocí al Maestro en 1982, cuando visité su Servicio para informarme y solicitar una oportunidad que en esa época sentía muy lejana, y como en una acto de magia existencial, me vi formando parte de ese famoso Servicio. En el 1984 conocí a Tessier, precisamente en una de sus visitas a México, y tuve la fortuna de ser el residente ayudante de la cirugía que los dos cirujanos más prestigiados del mundo de la cirugía craneofacial, practicaron juntos. El quirófano se inundó de talento y fue un día memorable. Esa gran amistad entre Tessier y FOM se traducía en respeto mutuo, amistad que marca, que desarrolla.

El doctor Fernando Ortiz Monasterio se abocó de manera profunda y estricta a una ciencia, una investigación, una cirugía de altísima calidad que rompió esquemas, abrió nuevos espacios y fundó una escuela de Cirugía Reconstructiva para enseñar a operar Cirugía Craneofacial, labios hendidos, crecimiento de tejido óseo, y reconstruir los cuerpos de pacientes traumatizados y los rostros de accidentados; además de una excelente Cirugía Estética basándose en el lema de que siempre un buen reconstructor es un excelente cirujano estético. Su vocación de maestro llevó a Ortiz Monasterio a crear en México una escuela notable cuya fama atraviesa fronteras. Del extranjero venían italianos, españoles, americanos y sudamericanos, todos a aprender de él. El Maestro, como con respeto nos dirigíamos a él, era y es un Maestro. Si uno revisa el diccionario de la Real Academia de la Lengua para la definición de Maestro, se encuentra con lo siguiente:
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1. Adj. Dicho de una persona o de una obra: De mérito relevante entre las de su clase.
2. m. y f. Persona que enseña una ciencia, arte u oficio, o tiene título para hacerlo.
3. Hombre que tenía el grado mayor en filosofía, conferido por una universidad.
Las dos primera definiciones son conocidas, y cada una de ellas resume los méritos del Maestro Ortiz Monasterio. Pero la tercera pone énfasis en un aspecto de la maestría que a veces pasa desapercibido: que ésta es un pensamiento, una forma de vida, que constituye un ejemplo.

El Maestro Ortiz Monasterio representa para mí al verdadero docente, a aquel que asume su labor como una misión para, mediante el decir, elevar a sus alumnos. Fecunda pasión y conocimiento nos obsequió Ortiz Monasterio a quienes presenciamos su esfuerzo por abrirnos puertas hacia los ejemplos y profundidades de la Cirugía Plástica. Él representa al gran docente que palpita en la Ibero-Latinoamérica invisible, y que desarrolla la docencia genuina aun en condiciones muy adversas. La docencia genuina, vocacional: la del fervor por difundir efervescentes tesoros de la ciencia. En este tiempo de pobreza ética, de mediocridad creciente, de incapacidad para percibir y valorar los caminos nobles, quiero homenajear a un Profesor, un Maestro verdadero que nos enseñó a escalar laderas en pos de la altura del conocimiento.

Generoso, Fernando Ortiz Monasterio nunca ha escatimado en sus enseñanzas. El caudal de sus discípulos podría cubrir los 500 años que le separan de Tagliacozzi, no sólo por ser un maestro excepcional sino porque es inventivo y original.

Ortiz Monasterio, en sus argumentos, tiene una vida llena de logros profesionales y gusta gozar de cosas simples como un buen asado, o el viaje a lugares recónditos en donde esquiar. Pero como dije al inicio, el Maestro debe tener una filosofía de vida, que vaya más allá del logro profesional, y que es lo que va a hacer que el discípulo trate de imitarlo e incluso de superarlo. Ortiz Monasterio tiene una gran motivación en su vida, y es el amor por enseñar y entregar a otros sus conocimientos, sin ocultar nada y con el mismo entusiasmo para el residente de primer año, como para el especialista.

Podemos seguir escribiendo sobre los meritos del Maestro Ortiz Monasterio, de tantos cargos y responsabilidades que siempre asume y continua asumiendo, pero para resumir recordemos esta citas:

"Dad crédito a las obras y no a las palabras" extraído del Quijote.
"A través de las acciones del discípulo, puede descubrirse el rostro del Maestro" de San José María Escrivá.

El querido Maestro, al que recordamos en aquellos charlas amenas en que el auditorio no permitía un susurro, y todos embebidos seguíamos la plática que nos conducía de manera vehemente por un mundo fantástico y lleno de espectaculares y asombrosos ejercicios quirúrgicos, matizada por la grave voz que conforme avanzaba la ilustración quirúrgica se erguía en sonoro canto que pregonaba el éxito, la satisfacción. Y lo mejor, el paciente, alguien más que el destino o la suerte puso en este camino y ha recuperado lo más preciado, el bienestar, ha dejado a la vera del camino la anormalidad que le anclaba al fondo de lo imaginable, a la esquina de la incompresible, y ahora está la luz. Y el mundo tiene otro matiz, gracias a las manos de un Maestro que goza de su ciencia,
Este sencillo homenaje pretende ser una emotiva muestra de admiración y profundo respeto a quien ha sido un ejemplo de trabajo y dedicación; su vida se ha regido por sólidos principios éticos, su carrera de médico ha sido un ejemplo de devota entrega y ha demostrado lealtad y entrega al método científico como piedra angular de su ejercicio pedagógico y asistencial.


Muchas gracias por su atención

Dr. Rómulo Guerrero
Presidente de la FILACP 2008-2010
Panamá, junio de 2010

 

IN MEMORIAM FERNANDO ORTIZ MONASTERIO

fom3Una brillante llama en la Medicina Mexicana y de la Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva mundial se ha extinguido. El Dr. Fernando Ortiz Monasterio y de Garay falleció en paz el pasado 31 de Octubre del 2012. Su luz no se apagará por muchos años, seguirá brillando como la extensa y amplia cola de un cometa que todo lo ilumina a su paso aunque, su núcleo, ya se haya ido.

El querido Maestro a través de sus enseñanzas, investigaciones y adaptaciones quirúrgicas seguirá entre nosotros. Su cautivadora personalidad estará vigente con ejemplos, vivencias y su particular forma de encarar la vida que prevalecerán entre los que tuvimos la oportunidad de compartir su tiempo.

Entre una gran cantidad de documentos y borradores que compartimos, encontré un pequeño libro escrito por Don Fernando. Se trata de una edición limitada y particular que escribió el Profesor FOM sobre un "In Memoriam y Obituario" que dedicó a su gran amigo Paul Tessier. Lo revisé con especial atención para captar sus sentimientos ante tal pérdida. Resultó muy emotivo y personalizado y, por esa misma razón, decidí no utilizar esas ideas propias ahí plasmadas y dejar fluir mis sentimientos y recuerdos de una vida juntos por mas de 50 años para escribir lo que a continuación podrán leer.

Los mecanismos y requisitos curriculares para ser nominado, valorado, aceptado y galardonado como Profesor Emérito de la Escuela Nacional de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, en toda su historia hasta el año de 1996, solo los habían logrado 24 destacadas personalidades del país. Ortiz Monasterio fue el número 25. Ahora, sus méritos académicos, profesionales y humanos le alcanzaron para más ya que en al año 2010, recibió de manos del Rector sus insignias, toga, medalla y birrete como profesor "Honoris Causa" de nuestra máxima casa de estudios en México. Poco después me confesó, con profunda emoción, que dicho acto significó el más grande honor por Él recibido. Sesenta años de su vida dedicados a nuestra Universidad, con gran productividad, así se vieron reconocidos.

Nacido en la ciudad de México el 23 de julio de 1923, estudió Medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tuvo adiestramiento de postgrado en Cirugía General de 1946 a 1952 en el Hospital General de México de la SSA, desde ahí ingresó a las actividades docentes desde su etapa de estudiante, aún antes de su recepción profesional. Su destino estaba marcado y, desde entonces, nunca se separó de dichas actividades salvo en un corto lapso, cuando en 1952, ya casado con su inseparable Leonor y con sus primeros 3 hijos y 1 más por llegar, decidió trasladarse a los Estados Unidos de Norteamérica a estudiar una nueva rama de la Cirugía que ofrecía un amplio panorama de innovaciones, técnicas y oportunidades. Tres años duró esa aventura; los 2 primeros con su profesor Truman Blocker en Galveston, Texas y el tercero visitando diversos profesores como Koch, Mason y Allen en Chicago; Barret Brown, Byars y McDowell en St Louis, Missouri.

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A su regreso a México, enfrentándose a una práctica medica totalmente desconocida, tuvo un arranque difícil. Fundó en el Seguro Social el primer Servicio de Cirugía de Mano y Quemaduras en el año 1955. Al año siguiente pasa al Hospital General de México como Jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva, un gran logro. Ese puesto lo conserva hasta el año 1977. Durante 21 años creó una verdadera Unidad Hospitalaria y la primera Residencia Médica de Especialidad con reconocimiento universitario en este país (1957).


Debe reconocérsele también la creación, integración y consolidación de la primera Clínica Multidisciplinaria para la atención de pacientes con fisuras labio palatinas y posteriormente, la organización de la Unidad Móvil Rural (1968) para la detección y atención integral de esos pacientes en su propia área geográfica, dando lugar desde entonces y hasta la actualidad a los programas permanentes de Cirugía Extramuros a nivel nacional, ejemplo ahora adoptado por otras especialidades quirúrgicas.

Con el afán de ofrecer a sus pacientes lo más sofisticado del desarrollo de la especialidad, viajó en 1969 para aprender de su - ya desde tiempo antes -amigo Paul Tessier el desarrollo de la Cirugía Cráneofacial. Con el tiempo logró no solo modificar las técnicas originales, sino crear nuevas variantes quirúrgicas que pronto sobrepasaron a la Escuela Francesa, naciendo así la Escuela Mexicana en donde se han entrenado muchos, ahora destacados cirujanos, del mundo entero.

Para el año 1977 emigró con parte de su equipo del Hospital General de México al Hospital General Dr. Manuel Gea González en el sur de la ciudad de México. Llegó como Director General del Hospital, nombramiento que le abrió la posibilidad de integrar una División de Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva en dicha Institución. Su productividad asistencial y capacidad organizativa le permitieron aplicar los adelantos de la especialidad en todas sus ramas como eran los nuevos colgajos miocutáneos, la Microcirugía Reconstructiva, el uso de expansores tisulares como ejemplos y, fomentar la investigación clínica y básica además del tratamiento de las deformidades cráneo-máxilo-faciales. Se instituyó un nuevo curso de especialistas con reconocimiento de la misma UNAM en esa nueva sede.

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Ortiz Monasterio siempre supo integrar un verdadero equipo de profesionales que absorbimos la mística, calidad y productividad del Profesor. Al dejar la dirección del hospital (1984), se reintegró "a las filas" con más fuerza que nunca. Su actividad quirúrgica, docente y de investigación –que nunca descuidó- siguió un camino ascendente. Los avances obtenidos en la detección de deformidades congénitas antes del nacimiento con el desarrollo y práctica de la Cirugía Intrauterina son otro ejemplo de la actividad de D. Fernando.


Paralelamente, desempeñó otras actividades que le permitieron ocupar cargos y puestos relevantes en la fundación del Consejo Mexicano de Cirugía Plástica y Reconstructiva A. C., (1967) y luego su presidencia (1974-76); de la Asociación Mexicana de Cirugía Plástica y Reconstructiva (Presidente 1969-1971); Director de la Fundación Docente de la Federación Iberolatinoamericana de Cirugía Plástica;creación del Concurso Nacional de Residentes de la Especialidad (1971), idea que posteriormente fue transferida a la propia FILACP con el Concurso Internacional de Residentes que se inició en Quito, Ecuador.

Sus grados de Doctor Académico tanto de la Academia Mexicana de Cirugía (1962) como de la Academia Nacional de Medicina (1963) y de Presidente en 1974, le facilitaron la publicación de su primer libro sobre Cirugía de la Mano. Fue miembro distinguido del patronato de restauración del Palacio de la Antigua Escuela de Medicina donde ahora se puede visitar el Salón de los Profesores Eméritos y el Museo de Cirugía Cráneofacial Ortiz Monasterio.

Entre 1976 y 1980 fue Presidente del Comité Internacional de Cleft Palate and related Craneofacial Annomalies y del IV Congreso Internacional celebrado en Acapulco en 1980 donde inauguró el evento dándole la bienvenida a los asistentes en 12 diferentes idiomas.

En 1988 ocupa el cargo de Presidente de la American Association of Plastic Surgeons, asociación "elitista" del más alto rango de exclusividad científica y profesional en donde "Los unos solo hablan con sus pares y éstos solo hablan con Dios". Ortiz Monasterio fue el segundo presidente no americano y el único latino en ocupar tal distinción. Durante su gestión, se destacó por dar un toque de elegancia latina a todos sus eventos, en especial al Congreso de Phoenix, Arizona.

Cuando en 1951 se publicó el primer artículo científico en que aparece su nombre, seguramente Ortiz Monasterio ya imaginaba el potencial que le llevó a publicar 215 artículos más y 8 libros de Cirugía que ahora entraran a la clasificación de "clásicos". Como testimonio a su capacidad humana y profesional, recibió condecoraciones y reconocimientos en México, España, Bolivia, Perú, Francia, Alemania, Australia, Estados Unidos, Inglaterra, Argentina y Uruguay, así como nombramientos Honoris Causa en varias Universidades Latinoamericanas y Europeas, aparte de la de México. Siempre fue un sobresaliente comunicador y fue seleccionado como conferencista magistral en múltiples ocasiones alrededor del mundo entero.

Como Profesor de la UNAM tuvo a más de 500 escolares extranjeros y más de 200 mexicanos que se entrenaron con Él y ahora tienen el sello de "Hechos en FOM". Su desmedida generosidad académica no se compara con su capacidad de ser Profesor de la Vida, que fue su distintivo particular, razón por la cual llegó a ser el docente más solicitado internacionalmente.

Después de leer hasta aquí, quien no lo haya conocido personalmente podría encasillar a este personaje como un individuo aburrido y sin más matices que su gran pasión por la Medicina. .... ¡Nada mas erróneo!. Ortiz Monasterio fue un hombre divertido, cautivador, ágil, optimista, inquieto y polifacético.

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Al Médico destacado podemos agregarle –con méritos suficientes- muchos títulos más. Historiador y Bibliotecario le caen bien; pero fue un destacado deportista, cultivando varias disciplinas como atletismo, tenis, esquí tanto de agua como de nieve (era un verdadero kamikaze), ciclismo, motociclismo, automovilismo, vuelo libre, ala delta, paracaidismo, rafting y muchas locuras más. Pero el velerismo fue la pasión que le llevó a niveles internacionales habiendo representado a México en eventos Centroamericanos, Panamericanos y Olímpicos (1964) tripulando su barco llamado "El Bigote Navegante".

El médico, cirujano, historiador, bibliotecario, deportista se convirtió naturalmente en explorador, arqueólogo y antropólogo efectuando trabajos de campo en el altiplano mexicano, en las selvas , ríos y desiertos de su país incluyendo las Barrancas del Cobre, (mayores que el Cañón del Colorado el cual también cruzó por el río) o los desolados cañones de los Huicholes. Se internó en las intricadas selvas de Mesoamérica y Sudamérica, trabajó en Egipto, Grecia el Mediterráneo, La India, África y Australia. Fue un caminador incansable e inalcanzable. También fue fotógrafo y erudito en pintura, coleccionista de arte, protector de artistas e impulsador de jóvenes valores.

Fue amante apasionado desde temprana edad. De la eterna compañera de su vida, Leonor Prieto, D. Fernando una vez me confesó "El más más preciado regalo que he recibido en la vida es la compañía de Leonor, adorable mujer con la que he tenido un largo y perdurable affair amoroso". Cierto, Leonor fue un regalo para todos los que con Ella convivimos. Los buenos genes heredados de su padre y de su madre Dña. Carmen, enriquecidos con los de Leonor Prieto y por el amor que siempre se profesaron, fructificaron en 8 hijos fabricados, casi a imagen y semejanza de sus progenitores y herederos de las características, cualidades y virtudes de sus padres; les deseamos que pronto encuentren consuelo de su irreparable pérdida.

Los que tuvimos el privilegio de convivir estrechamente y entrenarnos profesionalmente con este notable y probo individuo, podemos atestiguar que Leonor Prieto no solo fue madre de sus hijos, sino que también adoptó como propios a todos aquellos jóvenes médicos, mexicanos o no, que emparentados por la relación profesional, recibimos los cuidados, apoyo, consejos, amor y muy frecuentemente hasta ayuda económica del "Los Jefes" que nos integraron en una verdadera relación filial, hermandad y comunión con ellos. No hay forma de agradecerlo más que honrar eternamente su memoria y actuar como siempre nos enseñaron.

Ortiz Monasterio fue un buen hijo, magnífico hermano, esposo cumplidor, padre afectuoso, un trabajador incansable, optimista por naturaleza, nacionalista a morir, franco de carácter, culto, absorbente y cautivador, divertido y muy participativo de la fiesta. Un magnífico profesor, muy generoso que vivió para fabricar y transmitir ideas y conocimientos pero sobre todo, tuvo el gran don de conquistar amigos. Donde quiera que pasó, supo cultivar la amistad. Fernando fue un gran amigo.

En 1996, en una ceremonia organizada en su honor en Nueva York, en su discurso, con voz clara y firme dijo "Hacer bien el trabajo de uno, es gratificante. Cuando la búsqueda permanente por obtener mejores resultados o diferentes soluciones es incorporada a tu armamentario; cuando te ves envuelto en un sueño imposible que es la búsqueda de la excelencia; cuando la flama de la pasión ilumine tu diaria labor, entonces el trabajo se vuelve fascinante, excitante y llega a ser la más maravillosa aventura intelectual en que alguien se pueda involucrar. He tenido la oportunidad durante 50 años de vida profesional de ser un observador y, en mínima proporción, un participante de la evolución y desarrollo de mi especialidad. Si poseo una cualidad, ésta es la longevidad y ... ésto por supuesto no tiene mérito; pero sí tiene un secreto el cual, considero, ya es tiempo de dárselo a conocer. Yo me he pasado la vida expuesto a muchas estimulantes ideas propuestas por mis colegas, me he pasado la vida rodeado por jóvenes, inteligentes, inquisitivos, iconoclastas estudiantes. Con ellos aprendí a sentir su energía y luego aprendí a robársela. Esa es la fórmula de la longevidad .... Bueno ...., esa es la mitad de la fórmula .... De ¿cómo lo hago, cómo robo la energía?, eso permanecerá en secreto que no pretendo revelarles hasta que cumpla mis próximos 50 años de actividad profesional". Ahí quedó, no conozco a nadie que lo haya podido averiguar.

Así, al Médico –con todos los otros títulos que podamos agregarle- también podemos llamarle filósofo ladrón de energía. Un cometa que, con su pequeño núcleo, irradia una luminosa cauda que se extiende en el espacio y riega su luz por donde transita iluminando a todos los que le rodean. Ese fue Fernando Ortiz Monasterio, un individuo de esos que como los cometas, aparecen de vez en cuando pero todo lo iluminan. Su llama no se extinguirá mientra su cauda siga con nosotros.

Finalmente, podemos decir que D. Fernando vivió como quiso, hizo mucho más de lo asignado, cumplió con creces y sobrepasó las expectativas. Sus enseñanzas flotarán eternamente en el espacio y mientra exista un individuo que lo lea y analice, vivirá eternamente.

Gracias Jefe: ahora Usted puede descansar en Paz. Nosotros, tristemente lo vamos a extrañar.

Dr. Ignacio Trigos Micoló.
México, D. F. 5 de noviembre del 2012.